vaca gallina paloma cerdo

Las primeras veces que rescatas a una gallina, crees que la salvas y que ya está todo hecho, porque le evitas esa muerte absurdamente despiadada del cuchillo que le raja la garganta en cualquier matadero.

Y sí, la salvas de eso. La curas, cuidas y alimentas, le das un hogar que la proteja de las inclemencias del tiempo, de los depredadores que viven fuera… Pero la experiencia te enseña que hay algo de lo ella que no puede escapar y de lo que tú difícilmente la podrás proteger: su propia genética.


Cuando las gallinas sobrepasan los 14 meses de edad, comienza una cuenta atrás fatal. Vivan en una fábrica de explotación (intensiva o extensiva), en un corral de pueblo o en una granja escuela, ninguna de ellas se librará de una muerte horrorosa.

Poco importa el lugar donde la exploten: su propio cuerpo, extenuado por la sobrenatural puesta de huevos al que es sometido, acabará con ellas.

Las gallinas suelen poner entre 270 y 360 huevos al año, algunas incluso más. Lo verdaderamente natural sería poner entre 8 y 10 huevos anuales, como sucede con otras aves (por ejemplo a la gallina salvaje Gallus Bankia, antepasado de la actual gallina “doméstica”), pero la selección genética y los cruces realizados por el ser humano durante generaciones han transformado la naturaleza de las gallinas y forzado sus cuerpos, buscando una mayor rentabilidad económica para sus explotadores.

Esta puesta masiva mina rápidamente sus aparatos reproductores.
Con los meses, la frecuencia de las puestas disminuye. Su cuerpo se desgasta (crear un simple huevo conlleva para ellas una pérdida de nutrientes y calcio de la que, con ese alto número de puestas, no son capaces de recuperarse).

Inevitablemente sobrevienen fallos, que pueden surgir en cualquiera de las fases de la puesta (habitualmente la ruptura de un folículo, que es la fase inicial del huevo, o de un huevo ya formado). Acaban desarrollando prolapsos, infecciones o tumores (los cuáles además suelen tener gran capacidad metastásica, extendiéndose con rapidez y virulencia a otros órganos).

Sus huevos son lo que las hace rentables para la industria y también lo que las condena, a ojos de la misma. Las pérdidas económicas consecuencia de ese desgaste físico, tanto por las enfermedades que de él se derivan como por el menor número de huevos que se obtiene de las gallinas de “más” edad, es lo que provocará que sus carceleros en las granjas decidan descartarlas (enviarlas al matadero) y que su lugar en las jaulas lo ocupen nuevas gallinas que, siendo casi bebés, les colmarán de huevos durante 14 meses de encierro.

La única solución para acabar con las enfermedades y las tempranas muertes que sufren las gallinas como consecuencia de la selección genética es la castración temprana, pero esto es un disparate para los grajeros, quienes sólo ven en ellas una máquina de producción de huevos. Sin sus huevos, la vida de una gallina no vale nada para ellos.

Rescatar y cuidar gallinas es una experiencia maravillosa. Ellas te encandilan con sus distintas personalidades, como distintos individuos que son. Te sorprenden con su aguda inteligencia.
Resulta inevitable enamorarse de la belleza de su especie.

Pero también tiene su parte amarga, también sufres y lloras de impotencia cuando enferman antes de tiempo, cuando acudes a veterinarios y descubres lo poco que saben de ellas, cuando ves que apenas podrán asesorarte sobre cómo manejar sus enfermedades, pues en la facultad les enseñan a tratarlas desde el punto de vista más beneficioso para la industria, no pensando en lo mejor para ellas y su salud.

En los santuarios de animales vivimos frustrantes experiencias con estos “profesionales”: desde ver el trato vejatorio que les dan (cogerlas de las alas, ponerlas boca abajo, querer operarlas sin anestesia o arrancarles las plumas una a una para ver mejor una herida), a encontrarte con la falta de experiencia en operaciones que vayan más allá de las habituales vacunaciones o desparasitaciones.


En resumen, y como decía al principio, la vida de las gallinas es una absoluta injusticia: tras haber sido explotadas y estando sus cuerpos ya agotados, descalcificados y anémicos, tendrán que enfrentarse a problemas de salud como tumores, infecciones uterinas o prolapsos debido al atasco de huevos… Y su cuerpo, ya sin fuerzas, no aguantará más.

Aunque las hayamos liberado de las jaulas, sus huevos las matarán.


Cuando hablamos de las víctimas del genocidio que provoca el ser humano por el consumo de productos de origen animal, no sólo debemos pensar en aquellos que son asesinados por su carne: debemos incluir también a los animales explotados por las industrias del huevo y de los lácteos.

Desgraciadamente, las industrias de explotación de animales (es decir, las corporaciones dedicadas a la alimentación) tienen un gran poder mediático. Estas empresas, con sus campañas de marketing basadas en mensajes manipulados, nos han hecho creer que los animales llevan una vida plena y feliz y que nos dan aquello que sus cuerpos producen porque así ha de ser (y no se concibe de otra manera): la vaca nos regala su leche, la gallina sus huevos, el cerdo su carne y así con todos.

El egocentrismo de los humanos nos lleva a creer que todos los animales nacen y mueren para proveernos de una forma u otra a los seres humanos, como si servirnos fuera su única función.


Afortunadamente para la liberación animal (incluido el ser humano), cada día más personas son conscientes de que los mass media no son una fuente fiable y buscan medios alternativos para informarse.

Hoy en día, gracias a las redes sociales o a la existencias de revistas como Ethical Magazine, la información veraz está al alcance de cualquiera y con ella, nuestra posibilidad de decidir, de actuar y de luchar contra la opresión y la esclavización de las personas, pertenezcan a la especie que sea.

Con este artículo quería acercaros un poco más a la vida de las gallinas. A lo que conlleva poner un huevo, y a lo que supone para ellas que se siga comprando este producto.

Para ellas, da igual que sean huevos ecológicos, free range o de explotación intensiva.

El huevo no es comida. El huevo mata a las gallinas.

al llegar         egg without shell

 Battery hens

Desde El Hogar ProVegan Animal Sanctuary trabajamos cada día para mostrar la realidad de las vidas de los animales usados para producción. Hemos creado distintas campañas de esterilización de gallinas para seguir salvando vidas, si quieres puedes colaborar. Amadrinando una castración, salvas una vida.

 

* Este artículo va dedicado a Maki, Margarita, Loto y el resto de amigas que no pudimos salvar: no llegamos a tiempo

Elena Tova

Directora de El Hogar ProVegan Animal Sanctuary

 

Fuentes:

La Variación de Los Animales Y Las Plantas Bajo Domesticación Escrito por Charles Darwin

 http://www.eurekalert.org/pub_releases/2014-04/nesc-ado041814.php